Los espárragos
son un regalo delicioso que nos ofrece la naturaleza.
Hay que separarlos de la tierra conscientes de su fragilidad como si de un bebé se tratara.
Los espárragos blancos se recogen antes de que vean el sol, en cambio, los verdes adquieren este color gracias a él.
Después de limpiarlos y pelarlos (si es preciso), se arreglan dentro de los botes de vidrio y se ponen al baño maría para su conservación.
En la mesa con aceite, mayonesa, pimienta o con otros, siempre son un placer saludable y nutritivo para el paladar más exigente.